martes, 30 de enero de 2024

¿Perdedores?

Ayer vimos juntos OT. Y un antiguo director de la academia dijo, en resumidas cuentas, que todos somos unos perdedores, porque todos vamos a morir.

No le falta razón.

Previamente, había matizado que ese concurso sólo lo podía ganar uno, y que, por ende, todos los demás iban a ser perdedores. 

Tampoco le faltaba razón.

Y la verdad es que la mayoría de las cosas en la vida son así: uno gana y el resto pierde. Pasa en el deporte, pasa en las oposiciones, para en las entrevistas de empleo (siendo, todos estos, aspectos de la vida en los que también puede influir tu preparación) y pasa, indudablemente, en la lotería. 

Uno gana, los demás pierden.

Quizás para suavizar ese asquerosos sabor de boca que deja la derrorta en los que aspiran a conseguir algo nos hemos inventado los segundos puestos, los premios de consolación y las aproximaciones.

Pero, ¿sabes qué?

No vale nada de eso contigo. 

He venido a ganar.

A ganar remontando.

Porque no llegué el primero.

Pero vine y arrasé.

Y la resaca de Victoria (es una premonición) la pagué muy cara.

Porque no supe ganar.

Porque no me creía que hubiese ganado.

Así que al final fui un perdedor. 

Soy un perdedor.

Me siento un perdedor.

Pero vuelvo diez frases más arriba: He venido a ganar.

He venido a ganar de nuevo tu confianza, que es lo único que necesito para abrir mis alas y volar contigo.

He venido a ganar sabiendo que esta partida es de kintsugi y no de pavoneo.

He venido a ganar porque estoy cansado de derrotas y empates.

He venido a ganar porque es lo único que me sirve; aquí no hay consolaciones, no hay subcampeonatos, no hay más aproximaciones que la de mi boca a la tuya para darte un beso.

Cada noche, cada mañana.

Sólo vale ganar.

Porque no eres un trofeo, pero el premio de compartir una vida contigo...

Muchacha, ahora nos volvimo' a ilusionar