Cuando sin saberlo, aunque lo quisiese, cambió mi suerte para siempre.
Y aunque el premio tardase aún un poco en llegar, nunca imaginé sentirme tan rico.
Tan rico, que no supe estar a la altura de mi premio. De mi tesoro.
Y como tantos tontos antes que este... Dilapidé mi fortuna de manera absurda.
Y conocí lo que es la bancarrota más absoluta.
Hasta que jugó otra carta el destino.
Y volví a verme entrando en ese casino.
Recordando y respetando las reglas del juego.
Pero sin blanca en el banco de tu confianza.
Así que empeño lo que tengo y me empeño en recuperar lo que más quiero.
Sopesando si esa ruleta habla en ruso, cuando lo veo todo negro y decido apostar tutto al rosso.
Al de tu vestido.
Y entonces me pregunto:
¿Qué hubiera sido?
Si nunca me hubiese atrevido...