¡Felicidades!
Hoy has celebrado los 30 y los 31 a la vez porque el año pasado estabas solo en la otra punta del mundo.
Sé que no te gusta recordarlo, que te arrepientes de haberte ido, pero este año te has podido sacar la espinita. Aunque no se hayan llenado las 7 sillas de la reserva, han estado con los que han querido estar.
Los que han estado siempre. Sin condiciones.
¿Sabes una cosa? Eso es lo que debería importarte, que a pesar de que hayas hecho sonreír menos de lo que has dolido, tienes a gente recordando este día y que quieren verte feliz.
Porque después de todo has sabido sacar una lección de cada fallo que has cometido. Y son varias las lecciones.
Te caes, te levantas y vuelves a intentarlo.
Sean oposiciones.
Sean clientes que has perdido.
Sea con la persona a la que más has querido.
Por cierto, ¡Enhorabuena por tu aprobado!
Ese 5 sé que te sabe a 10. Porque con más o menos apoyo, el que hizo ese examen fuiste tú. El que se plantó ante los miembros del tribunal si un guión al que ceñirse fuiste tú. Y el que lloró al ver esa nota, tu nota, fuiste tú.
No ha sido un año fácil para nada. Aunque siempre habrá situaciones peores, te has mantenido a flote, y eso ya es bastante.
Los clientes van y vienen. Ahora ya no vas a tener tanta dependencia de eso, y cuando te veas liberado, darás todavía un mejor servicio.
No dejes de formarte.
Y olé tu polla por ayudar como lo haces.
Con respecto a lo último.
Valórate.
No eres un basilisco.
Si alguien te mira a los ojos no va a morir.
De hecho quizá vea algo real en ti.
Y si alguien te ve a través de algún tipo de lente, será su lente, no la tuya, y da igual si quieren o no quedarse de piedra.
Ya no será asunto tuyo.
Te repito: valórate.
¿Tu cumpleaños llorando?
No hay derecho a eso.
Deja que pase la feria, pon en orden tus asuntos y prepárate para brillar.
Porque, cabrón, estás en tu puto prime.
Te lo has ganado.