viernes, 6 de octubre de 2017

T.

Desayunando en la terraza, tostadas con mantequilla, estrangulando otra bolsa de té en el borde de la taza. Contemplando las partes de tu cuerpo no cubiertas con la manta. Tareas pendientes. Pendientes en tu tocador. Y te despierto tocándote, tocándome, tocándonos y dejando rastro de unos puntos suspensivos.

Opositando para este tango horizontal con tu cintura. Hablarte a continuación con naturaleza de política, de arte, de historia o de literatura. Dos tarados tumbados tan tranquilos en una furgoneta. Esperando la tormenta. Provocando la tormenta. Trazando rutas en mi mente que nos hagan  turistas por el firmamento. Chocolate con almendras es el cielo estrellado ¿Quieres un trozo?

Tramando trampas para que mi retina se dé un gusto con tus ojos de pantera desde el instante siguiente en el que resucito en tu cuarto, o en un hotel. Algún día es tanto tiempo... Que mientras me entretendré descifrando los tejemanejes de tu mente, contando derrotas contra las fronteras de tu pensamiento, conociendo los entresijos de las transparencias de tus vestidos, mi Victoria de Samotracia con rostro. Tú, que con un gesto me haces sentir Fidias en el Partenón de Atenas, que haces fuerte a este David contra Goliat. Si eres mi templo, qué menos que custodiar los caminos que a ti llevan como un templario.

Diecisiete de septiembre y otra vuelta de la Tierra. Inédito el deseo innato de tenerte cerca, de otear el horizonte desde cada una de tus vértebras. Tácito aunque esté contento en este continuo otoño. Tantos tragos compartidos entre perfectos extraños en la capital que algunos se estremecerían si supieran que fueron el punto de partida, sin echar en falta a Celestina, el íntimo momento que hizo que todo se tambalease. No perdamos ese viejo hábito de habitar en el filo y vivir del vértigo. 

Trece en el patíbulo dictando condena por un susto. Tristes. Tristes que no entienden de aquello que trasciende al salir de dentro. Presente y futuro son los restos del pasado donde no quiero seguir estando atrapado; tiremos por la tangente y luego nosotros tomaremos el control.

Talento… Ojalá tuviese talento para pintar tu silueta, para darte un concierto acústico cantando con una simple guitarra. No, talento tientes tú aguantando mis llantos, mis quebrantos y lamentos. Yo sólo lo demuestro haciendo espaguetis. Confeti que distrae para trucar dados en el tablero. Empate técnico en el Trivial. Y el trofeo sin sitio en la estantería.

Te…