martes, 12 de septiembre de 2017

D.

Día D en la ciudad sin Dios. Tú en el andén y yo con los duendes apurando la llamada. Volviendo despacio a mi morada, rumiando ideas, desechando deseos, desubicado por completo ¡Maldito idiota!

Distancia de acordeón: lejos dudando, cogiendo aire porque de cerca eres Daenerys desencadenando al dragón. 

Destruyamos el mundo en un segundo, nademos hacia lo más profundo hasta descubrir dónde desnudarnos y darnos ideas para descifrarnos

Dime si quieres que te despierte para el desayuno debajo del edredón. Dedos húmedos, torcidos, discurriendo por todo tu cuerpo, buscando un destino... ¿Qué tal si lo dejo dentro?

Despejemos los grandes recuerdos, las idas y venidas de Madrid al cielo. Mandémonos deberes, de los difíciles, de los que nos hacen sudar, no de los que se resuelven tirados en el césped.

Déjame buen sabor de boca y yo desenvaino mi espada para tu disfrute. Decapito depresiones, derrocho los dineros. Te dejo bandeja llena de dulces al pie de la cama.

Dime si deseas ser la invitada a mi despacho. Por detrás, agarrada del pelo, sin hacerte daño provocando olvidos de apellidos. Tú resguárdate de tanto descuido en mi disco duro.

Diosa y diablo divirtiéndose, apostando todos los `jurdeles´ al As de diamantes: si toca de viaje, si no, descansemos  los dos juntos de tanto delirio.

Demonios suicidándose por ser Dionisios. Despego de un momento a otro. Sube que te llevo y despídete de todos que en el Edén si nos hará tarde

De nada.