miércoles, 2 de agosto de 2017

La ciudad nunca duerme.

Tratos que se rompen en besos que no vuelven pero que sí valen para delimitar caminos a recorrer.

Cuatro fronteras definen nuestra plena libertad: mi mala letra, la vergüenza, los ruidos y él.

Gigantes contra los que no sé si luchar pues no hay Sanchos que se opongan.

Fotos que desaparecen, temperaturas que abrasan y vecinos que molestan son el decorado y la música de fondo.

Habitación para dos sería mentir al recepcionista: las mariposas nos acompañan, los tormentos también.

El arte ya no es lo mismo desde que pasó el invierno, y tras el susto... helarte tampoco.

Intelecto y locura hacen noche sin saber quién es quién, buscándose y perdiéndose uno en el otro.

Caligrafía de subidas y bajadas fiel reflejo de la vida que intenta plasmar a través de unas palabras que tiempo ha quedaron limitadas en su propia naturaleza efímera.

Efeméride de un suicidio anunciado al que nadie se opuso.

Gafas cuyas lentes son pantallas de cine y representan un guión inacabado que da el papel protagonista al caos.

Volví a escribir ¿Y cuándo todo acabe?

... Silencio, se rueda.

Álvaro.