Tú eres la A del Abrazo, yo la de Abismo. Siempre en la comparativa pierdo, o no sé muy bien cuándo gano. Dejaré de buscarnos en tu colchón de faquir cuando tu cuerpo de Swarovski diga que ya es por mí. Cuando no te vea mejor en la oscuridad que a plena luz del día. Cuando me quede sin ideas pídeme la cuenta y busca una salida.
Y un minuto después ya no es domingo y te imagino de charco en charco dando brincos; descubriendo una ciudad conmigo. Sincronizando nuestros latidos en un tempo distinto a todo lo que hayas conocido. Uniendo nuestros ombligos.
Saliendo del banquillo y ganando la liga. La copa la dejamos a medias en cualquier bar por las prisas. Bailemos otra vez el vals, horizontal y sin camisas. Matémonos de risa cuando entre la piernas haya huelga y no se acepten las visitas.
Y hasta entonces yo te guardo el sitio. Ya te lo dijo Bukowski: no hay segunda en el duro oficio de aguantar al tipo que una noche te llora, la otra te ignora y después te quita el hipo. De observarte en la distancia y no ser nadie a hacer que te falte el aire ha sido un largo camino, un viaje bonito con un sólo punto en común: el grito sordo de un 'te necesito'.
Al.