Una mente maravillosa que no conoce fronteras más allá del pensar
excusas.
No hay mapas que ayuden a
llegar a lo más profundo de su ser, y eso me asusta tanto como me atrae.
Busco la contraseña que esconde
sus sonrisa para hacerla eterna.
El Dorado era su pelo; esa historia ya no es nueva.
Dedos torcidos haciendo
espeleología.
Buenos días en
su espalda escrito, y de postre: fresas con nata.
Huesos húmedos que duelen.
Una contorsionista en su boca
habita.
Ojeras que recuerdan lo que el cielo en su día reflejó.
Un busto que haría arder diez
Troyas.
Pestañas que se precipitan
buscando cumplir deseos.
Y desde el mirador de su
clavícula intentar comprender el infinito.
Divino tesoro que permite
fundir el cuero.
Su nariz, como mis puntos suspensivos, ella ya lo sabe.
Al.