miércoles, 15 de junio de 2016

Chico el Humano.

Estaba sentado en el sofá de mi salón leyendo una carta dedespedida que le han escrito a Los Chikos del Maíz, cuando de repente ha venido mi perro, Chico, y ha puesto sus dos patas delanteras en mi regazo para llamar mi atención. Tras una breve carantoña, manteniendo su posición, ha girado la cabeza y has visto un dinero que había sobre la mesa, se ha acercado a él y lo ha olisqueado; quizá ha olido el sudor de las manos que han trabajado duramente para conseguirlo, quizá haya olido restos de alguna sustancia de esas que consumen las altas, y no tan altas, esferas de la sociedad. Quién sabe. Lo más curioso ha sido cuando tras un pequeño lapso de tiempo en el que su nariz ha dejado de contraerse para seguir oliendo, se ha quedado mirándolo, como pensando qué diantres era aquello que hace un rato yo estaba contando, y a continuación se ha vuelto a girar hacia mí, pasando completamente de “e$o” que para él es completamente ajeno y ha subido aún más sus dos patas, dando un brinco, hasta mis hombros, dándome un abrazo y lametones por toda la cara. Al principio he pensado en apartarlo por miedo a que me tirase el móvil, pero tras ser consciente de la situación, no me ha quedado otra que darle el abrazo más fuerte que he podido y todas las caricias que han hecho falta.

Todo ha sido muy rápido, y aún así he aprendido, o reaprendido – porque estas cosas todos parecemos saberlas pero las olvidamos fácilmente –, qué es lo verdaderamente importante en esta vida puta. Esta tarde se han cambiado los papeles, hoy Chico ha sido el Humano, y yo, tristemente, el perro. Y eso que él no es consciente de cómo funciona el mundo… Mejor.