Dejé atrás a algunos amigos, dejé atrás personas, dejé atrás
compañeros de viajes, amores, experiencias. Dejé atrás los recuerdos, el
pasado, las imágenes que se formaban en mi cabeza. Dejé atrás cosas materiales,
principios y finales. También dejé las risas, los juegos, incluso las penas y
otros sentimientos. Dejé atrás mi casa, mi barrio, al pueblo, incluso a la nación. Llegué a tal extremo que incluso
tuve que dejar atrás a mi familia.
Me alejé de todos para no perder mi fe.
Álvaro Morgado Ortiz
"Considérenlo un regalo".