Me planto ante el folio en negro habiendo dejado atrás varios bolígrafos y contemplo el cielo estrellado, chocolate con almendras.
Aunque me lo prometo siempre que no lo cumplo, vuelvo a la guerra una vez más, sabiendo que después todo amaina, y vuelvo a perder. Siempre pierdo. Se me van los argumentos, como se me van las excusas y sé que no volverán. Quizás por eso nunca dejo de crear, pues las derrotas, esas de sabor amargo cuando te acostumbras a ganar, son internas y he de procurar, pues permitirse un lujo en estos días suena demasiado osado, que no baile mis castillo de naipes, es decir, no puedo dejar de lado mi imagen en vuestro imaginario, pues pasaría a ser un juguete roto. Y los juguetes rotos se tiran y se compran otros:
Más nuevos. Más grandes. Mejores.
Distinto. He vuelto.
Álvaro Morgado.