viernes, 2 de noviembre de 2012

Tú, mismo.

Intenté volar contigo en la parte más oscura de aquel cine, pero la película era demasiado buena. Las excusas dejaron de hacer efecto, los besos de ser balsámicos y las conversaciones con la almohada no dejaban de alargarse.

La Odisea cobró vida, se volvió coetánea a nosotros. La escribíamos a cada paso que dábamos, con cada palabra que atravesaba la frontera de nuestros labios, con las lágrimas no eran más que los puntos con los que terminábamos nuestros cantos.

Estuve en algún lugar parecido al Hades, con ríos de tinto y gente sin cabeza, mientras esperaba que alguien  pronosticara mi futuro como si de una quiniela se tratase. Debía ser un bar. En salud marqué la primera casillas; una X para el Amor; y el arte se llevó un dos.

Ninguna acerté: pues perdí en salud, me ganó el arte y del amor nunca más volví a saber.

En un canto apócrifo Odiseo habló con Calíope, diosa de la poesía y...


"Todo lo peor de esta vida se me fue con tu sonrisa.
Y aunque con la lluvia vuelvan las nostalgias,
cada gota es un recuerdo del que perdió la esperanza."

El Virtuoso.